En una reciente entrevista, el docente e historiador Francisco Berciano comentó sobre el cambio de clima en Cojutepeque, la planificación urbana y el acceso al agua. Berciano destacó que uno de los elementos más apreciados de Cojutepeque en el siglo XIX era su clima fresco y agradable, al punto de que las personas venían desde San Salvador con la esperanza de mejorar su salud. «El clima de Cojutepeque es muy agradable. Aquí era demasiado fresco y venian con la idea de que se iban a sanar,» mencionó Berciano.
Sin embargo, con la urbanización y la pavimentación de calles desde mediados del siglo XX, el clima ha cambiado drásticamente. Berciano explicó que «se fueron empedrando las calles, pero había filtración de agua, había filtración de oxígeno, no había mucho problema.» Pero con la pavimentación, el clima se volvió más seco y cálido.
El terremoto de 2001 y las nuevas construcciones también contribuyeron a la transformación del entorno urbano y del clima de Cojutepeque. «Todo, todo cemento y lámina. ¿Qué pasó? Y las lotificaciones. Nuestro clima, lógicamente, pues tuvo que cambiar,» afirmó el historiador.
Otro tema crítico que abordó fue el acceso al agua y la deforestación. Según Berciano, la deforestación del Cerro Las Pavas y la basura acumulada en zonas como el Arenal de Cujuapa afectan gravemente la filtración del agua. «Si no conservamos el Cerro Las Pavas… no vamos a tener agua potable en un par de años,» advirtió.
Berciano, enfatiza la importancia de las nuevas generaciones en la conservación del medio ambiente y la cultura local. «Tenemos que saber de dónde venimos, quiénes somos y para dónde vamos… No conocemos quiénes somos, de dónde venimos, qué hicieron nuestros antepasados, vamos para un caos cultural,» reflexionó.
Francisco Berciano también compartió detalles sobre sus dos libros que exploran la rica historia de Cojutepeque. El primer libro, titulado «Cuatro Fichas de Establecimiento en Cojutepeque: Final del Siglo XIX y Principio del Siglo XX», se enfoca en cuatro monedas que circularon en la ciudad en esa época. Estas monedas eran utilizadas en la compra de agua, una fábrica de puros, una botica y una farmacia. Berciano destacó que el agua potable se introdujo en 1886, y la fábrica de puros obtuvo renombre internacional con premios en Francia y Sudamérica.
El segundo libro está dedicado al padre Manuel de Jesús Subirana, quien bendijo la ciudad y pronunció: «Bendito este pueblo pase lo que pase». Según Berciano, este libro relata cómo Cojutepeque ha mantenido su fortaleza frente a las adversidades, incluso durante el terremoto del 2001.
En resumen, Francisco Berciano no solo resalta los desafíos actuales de Cojutepeque, sino también la importancia de conservar su historia y tradiciones. Su trabajo en la documentación de la historia local a través de sus libros es un valioso esfuerzo para mantener viva la memoria cultural de la ciudad. Para el historiador cojutepecano, la colaboración entre las autoridades locales y la población es esencial para enfrentar los retos climáticos y urbanísticos, así como para garantizar un futuro sostenible para las próximas generaciones.




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