Un país que dignifique su pasado a través de las dimensiones de un análisis académico-científico y de la narración histórica está camino de encontrar el desarrollo, entendido este como colofón de la búsqueda de la transformación humana positiva.
En ese sentido, la reflexión, el estudio y el interés por la historia nos ayudan a comprendernos, a escarbar en la búsqueda de respuestas y a iluminar los caminos certeros para no repetir los errores pasados y para buscar mejores objetivos como país.
Como hijos de esta nación le debemos mucho a nuestra patria, amor hacia su historia, amor hacia sus tradiciones, amor hacia su cultura e idiosincrasia.
Una de las desventajas de la globalización es que impone en los países en vías de desarrollo la transculturización de otras tradiciones, sin embargo, la ventaja que debemos sacar de esto es que, al sentirnos orgullosos de nuestras raíces, potenciar nuestras tradiciones, podemos poner en alto el nombre de nuestro país en cualquier parte del mundo.
Sintámonos orgullosos de ser salvadoreños:
Orgullo de Mi Patria
En la época precolombina
yacían los asentamientos,
Pocomames, lencas, y chortis,
Toltecas, pipiles y mayas.
Vestigios de ellos podemos encontrar,
En cualquier museo del territorio nacional,
San Andrés, Joya de Cerén y el tazumal,
Con cacao bienes, podías comprar.
Luego vino la época de la conquista,
El navegante gritó “tierra a la vista”,
Cristóbal Colon fue el precursor,
Pedro de Alvarado el conquistador.
La fundación de asentamientos, villas y lo legal,
Se dio en la época colonial.
Esclavitud disfrazada la encomienda,
Fueron pocos los dueños de hacienda.
Septiembre 15 de 1821
Nuestra firma de acta de independencia,
Todos debemos tomar conciencia,
Que la cultura es nuestra más grande herencia.
Una breve reseña histórica,
No la hice por retórica,
Es el orgullo de mi tierra El Salvador,
Al cual le escribo con mucho amor.
Autor: Jaime Gabriel Molina
