Por Redacción Cojutepeque Noticias
La ciudad de Cojutepeque es la cuna de una cantidad importante de personajes que se han desenvuelto en los diversos campos de la sociedad Salvadoreña. Algunos de ellos son los siguientes:
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Anita Alvarado
Conocida como “La Heroína”, por salvar a sus dos sobrinos de morir en un incendio en 1943. Ella tenía 12 años. Mientras salía cargando en brazos a uno de los sobrinos, una biga encendida le cayó encima y quedó atrapada entre los escombros, no pudo escaparse y fue ahí donde murió. Desde entonces, Anita ha sido considerada por las diferentes generaciones de cojutepecanos como una heroína. Y por su valentía, en 1973, la Asamblea Legislativa nominó el 25 de julio de cada año como “Día del Alumno”.

Fotografía de un periódico de la época
Los alumnos de la Escuela de Niñas Anita Alvarado, de Cojutepeque, tienen el honor de celebrar su día bajo la tutela de la niña que dio origen a la celebración. Ellos llevan flores a la tumba de la heroína todos los años.
Anita nació el 25 de julio de 1927, en cantón Los Naranjos de Cojutepeque. Ella asistió a la escuela del cantón, donde sobresalió por su espíritu de responsabilidad y valentía ante los momentos más difíciles de la vida. Su prueba más dura sería a los 16 años de edad, cuando un 4 de abril de 1943 estaba sola cuidando a dos sobrinos.
Después de los quehaceres domésticos, Anita durmió a los niños y los acostó. Entonces ella se fue a la cocina, frente a la casa. De repente un incendio se desató en la vivienda.
Primero la joven salió a la calle a pedir ayuda, pero nadie acudió. Sin dudarlo, Anita se introdujo en la casa a rescatar a sus sobrinos. Sacó al niño de siete meses, luego de dejarlo a la orilla del cafetal se fue por el otro, de dos años. En esta última acción, le cayó una viga en llamas sobre la espalda. Para salvar al niño lo lanzó fuera del peligro.
Anita quedó envuelta en llamas, pero logró librarse del madero y corrió hacia el cafetal, en un intento por apagar las llamas de sus ropas. En la desesperación se tiraba al suelo, se levantaba y corría de nuevo. Por fin, una vecina, Francisca Pérez, la envolvió con su tapado y un teniente de la policía la auxiliaron.
Anita fue llevada al Hospital Alvarenga de Cojutepeque, donde murió dos días después. Todo este tiempo sufrió por el dolor de las quemaduras. Era un 6 de abril de 1943.
La Asamblea Legislativa de la República de El Salvador decretó que se declarase el Día del Alumno, el 25 de julio, de cada año, sin asueto, para celebrarse todos los años, conmemorando el nacimiento de Anita Alvarado, heroína salvadoreña, originaria de Cojutepeque, departamento de Cuscatlán. El decreto fue dado el 20 de febrero de 1973.(1)
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Rafael Cabrera
Nació en la ciudad de Cojutepeque. «La Ceiba de mi pueblo» es el poema que inmortalizó a este singular maestro del verso, que tuvo en Esmeralda, su fuente de inspiración. Murió en Guatemala.

Nació en Cojutepeque, en 1860, y murió en Guatemala, en 1885. Una vida bajo el signo de la vehemencia romántica, en los amores y en la poesía. Novio de Ana Dolores Arias (“Esmeralda”), de la que se separa al irse a Guatemala, a estudiar. Allá el poeta escribe, sueña y se enferma. Y muere. Sus poesías rezuman nostalgia y pronunciación. Versifica con esmero, y el color emotivo impregna sus leves estrofas. Dentro de la lírica salvadoreña, encarna con “Esmeralda”, el signo legendario de la pasión ir realizada. Recogió sus versos, y los dio a Joaquim Méndez para que los editará en un libro; pero luego se arrepintió, y ahí quedaron dispersos, en antología y periódicos. Murió en un rapto de angustia fugitiva, a la puerta del lazareto don paso sus últimos días.
En “Los poetas novios de Cuscatlán”, recogido en “paginas escogidas” (San Salvador, 1939) señala Juan Ramón Uriarte: “en su canto a LA CEIBA DE MI PUEBLO-que basta para exaltar su nombre en nuestra historia literaria y que en su romance en el Lago de Ilopango, su imaginación bulle libre y soberana y ya no se perciben los valimientos de Espronceda, Bécquer y José Joaquín Palma./ En ambas poesías prosperan las imágenes auditivas, visuales y motrices para hacerlos ver mejor lo que el poeta descubre en la realidad del mundo exterior e interno”. Y el mismo Uriarte, sobre el poema de la ceiba: “nosotros llamamos a esa poesía como el poema de la nostalgia, sin rival en la letras nacionales.” Cabrera, por su parte, en articulo citanos en la nota referente a Ana Dolores Arias, concreta: “cuando Esmeralda interesa como mujer, Gabriela por llevar en su ser algo dramático, real, palpitante. ¡Ah!, este estaba llamado a lanzar gritos tremendos en sus combates con la suerte. Este hubiera dado toque formidables a las puertas misteriosas del destino humano, si la muerte no le corta el paso y calla la voz de su interesante escepticismo.” El poema más famoso de Rafael Cabrera es “LA CEIBA DE MI PUEBLO”.
“En el pueblo indígena de San Juan Cojutepeque los monjes de la Orden de los Predicadores de los Santos Evangelios o de Santo Domingo de Guzmán, edificaron dos Iglesias: la de San Juan Bautista en 1612 y la de San Sebastián en 1692” Frente a la Iglesia de San Juan, Barrio San Juan actualmente se extendía una amplia plazoleta, de forma irregular y de suelo sinuoso, en cuyo centro erguirse soberbia e imponente, en sus enormes ramas extendidas como brazos gigantescos, una añosa ceiba. En sus mejores tiempos ella proyecto su “inmensa sombra amiga” y albergo pájaros y nidos, epifitas y enjambres de insectos en un mundo maravillo de voces y colores, de luces y silencios. La Ceiba de San Juan era “el alma del pueblo”, el símbolo de la comunidad Cojutepecana.
“A principios de los años 1900, la ceiba de Cojutepeque cayó abatida por el hacha inmisericorde de un Labrador y por la orden de un ignorante funcionario público; pero en el bello poema de Rafael Cabrera, el poema de la nostalgia, vivirá mientras viva la República, como una de las más bellas expresiones estéticas” (Página 100. El Salvador, Historia de sus Pueblos, Villas y Ciudades. Jorge Larde y Larin, Edición 1957). Según registros una ceiba sustituta se plantó, en la esquina de la Avenida Cabrera, el 3 de mayo de 1924.
De la Ceiba no quedó fotografía ni pintura alguna. Solo las ágiles expresiones de Rafael Cabrera, quien “En la Navidad de 1882 – escribió en preciosos endecasílabos “La Ceiba de mi Pueblo”, llamado “el poema de nostalgia”. En dicho poema describe la ceiba, nos da presencia de aquel árbol en la historia del pueblo: en tanto que la actual, circundada por el muro de la alcaldía actual, espera el bardo que la cante, y se apresta a desafiar a los siglos”.(1)
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Ana Dolores Arias

Maestra de vocación puesta a toda prueba y poetisa de verso suave, triste, sentido, que usó el pseudónimo de Esmeralda. Junto a Rafael Cabrera son llamados los Poetas Novios de Cuscatlan.
Nació en Cojutepeque en 1859 y murió en la misma ciudad en 1988. Poeta de tono romanticista. Generalmente utilizó el pseudónimo de Esmeralda. Existen muchas historias alrededor de su persona, y se le vincula constantemente al poeta Rafael Cabrera, por lo que generalmente se les conoce como los poetas novios de Cuzcatlán. Fue antologada en la Guirnalda salvadoreña de Román Mayorga Rivas, en la Galería poética centroamericana de Juan Ramón Uriarte, en el Parnaso Salvadoreño de Salvador L. Erazo, en Poesía femenina de El Salvador de David Escobar Galindo y Luis Gallegos Valdés, en el Índice antológico de la poesía salvadoreña de David Escobar Galindo, entre otras.(1)
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Filadelfo Cruz
Fue hermano del famoso pintor Andrés Cruz Castillo. Filadelfo en cambio se dedicó a la poesía y al canto, era de carácter muy jovial y llevaba la vida con mucha alegría. Solía salir por las calles cantando canciones alegres y dicharachera, a la vida, a una novia, al trabajo, eran numerosas sus musas y también se le atribuyen muchas melodías de su propia autoría.(1)