Por Irving Romero
Una meta es el fin hacia el que se dirigen las acciones o deseos. De manera general, se identifica con los objetivos o propósitos que una persona o una organización se marcan. Como seres humanos el plantearnos una meta es algo inherente en nosotros, ya que todos tenemos esos caprichos personales que nos gustaría satisfacer en nuestra vida.
Tener una meta nos aporta psicológicamente un poderoso sentido de dirección y orden, satisfaciendo nuestro deseo natural de cumplir un propósito por hacer, y permitiendo que nos sintamos bien a medida que avanzamos y completamos hitos.
Incluso El Doctor ARI Kiev, en su libro “Estrategia para la vida diaria” indica: “El establecimiento de una meta es la clave para una vida de éxito. Desde el momento que las personas deciden concentrar sus esfuerzos en el logro de los objetivos y metas, comenzaron a superar los obstáculos más difíciles”.
Es por ello que para una persona el cumplir una meta u objetivo significa lograr una satisfacción plena de un esfuerzo que valió la pena.

La satisfacción de lograr una meta es difícil de expresar pero que se puede ver reflejada en la cara de aquel sujeto que se propuso rebajar, y que después de un tiempo perdió más libras de las que imaginaba; o en la cara de aquel estudiante que después de muchos años logró culminar sus estudios. Pero en muchas ocasiones algunas personas no sienten satisfacción al obtener su meta deseada, en pocas palabras se sienten vacías tras alcanzar un objetivo de grandes dimensiones.
Es como cuando por ejemplo después de terminar una serie larguísima a la cual le dedicaste mucho tiempo y que esperabas llegar al final lo más antes posible, no sientas esa emoción por haberla terminado, no sientes “eso” de decir que valió la pena.
Por eso mismo te pregunto: ¿Te ha pasado de alcanzar una gran meta, y, casi de inmediato, sentir un gran vacío? Es natural sentirse vacío, desconcertado, frustrado y decepcionado cuando las cosas no salen como las esperas. Entonces, ¿Por qué sucede lo mismo cuando alcanzas eso que es tu medida de éxito? ¿De dónde proviene? ¿Qué tan perversa es nuestra mente y la estructura emocional para que, frente a los logros, se sienta este decaimiento del que, en muchos casos, cuesta salir?
Cuando aparece el vacío te cuestionas más a ti mismo, tienes tiempo que no sabes cómo llenar, aparecen dudas sobre tu futuro y reaparecen las inseguridades. Esto no solamente es una apreciación subjetiva, sino que la neurociencia también tiene una explicación para ti: cuando tienes planes y luchas por algo, tu cerebro libera con cada hito dopamina, una hormona asociada con la motivación y la felicidad, en previsión de la recompensa. Cuando no hay objetivos por delante, la dopamina cae y en ocasiones, aparecen la apatía y la desilusión
Es importante mencionar que el budismo zen tiene un concepto interesante: en el proceso del autoconocimiento humano, cada ser necesita vaciarse para ser llenado. Esto significa que al afrontar ese vacío se podrá llegar a conocer en realidad y entender la existencia en una forma más completa. Es decir, cual es el sentido de la existencia en este plano físico.
Por lo tanto, si alguna vez llegas a afrontar una situación similar tras obtener tus logros es importante darte un tiempo y no detenerte en tu desarrollo personal. ¿O acaso tu cuando terminas de ver una serie mala que no te llena te quedas varado y ya no buscas ver más series? ¡Claro que no! Tú decides buscar otras series mejores que superaran a la anterior. Eso tiene que pasar en nuestras vidas que el resultado de una meta que no nos satisface no nos detenga y que nos sirva como un nuevo comenzar.
Por acá te dejo algunas sugerencias que deberías de tomar en cuenta cuando sientas que una meta cumplida es insustancial:
- Animarse a sentir
- Identificar la emoción dominante
- Conectar con el placer y el gozo
- Meditar
- Dormir
- Evitar precipitar otro proceso desafiante en términos de logro y éxito
- Tener paciencia
Es bueno tener presente lo expuesto por Enola Chamberlain: “Nunca sabrás lo que puedes hacer, ni quien ni que eres, hasta que no levantes los ojos intentando fijar tu vista en una estrella”